miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL ÁRTICO SE DERRITE

Un mal año para el Ártico. Las evaluaciones científicas no dejan lugar a dudas: el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve (NSIDC, por sus siglas en inglés) estima que el hielo ártico continúa disminuyendo y establece un ritmo del 13,4% de descenso por década, en relación con el promedio entre 1981 y 2010. Además, los períodos con mayor deshielo desde que hay registros por satélite se han producido en los últimos nueve años. Nada apunta a que las cosas vayan a mejorar. Bajo la sombra del cambio climático cogen fuerza otras viejas disputas en esta región del polo norte. El deshielo abre nuevas rutas de navegación, la posibilidad de abrir campos petrolíferos y de gas, y con ellas, nuevas incertidumbres, como la capacidad de adaptación de los pequeños estados isleños. La realidad es que la pérdida del hielo en verano afecta a los ecosistemas árticos y la región es cada vez más accesible para la navegación y otras actividades. "Lo que hemos visto este verano refuerza nuestras conclusiones de que el hielo marino del Ártico sufre un declive a largo plazo", asegura Marcos Serreze, director del NSIDC en un comunicado sobre los últimos análisis del hielo ártico. Ante este panorama, en el que 10 millones de kilómetros cuadrados de hielo se derriten cada temporada, la paradoja del Ártico afecta directamente a los habitantes de todo el norte circumpolar. Según Heather Exner-Pirot, directora de The Artic Year-book, el Ártico no constituye un objeto ambiental abstracto para los pueblos del norte, sino su tierra natal, su lugar de trabajo y el de su comunidad. "Ahora vuelven a sentirse marginados por actores políticos de latitudes medias, que reclaman que el Ártico sea un comunal mundial sujeto a la gobernanza global". "Hay que tener en cuenta los problemas de los pueblos indígenas, ¡es su Ártico! No solo es una fuente de recursos para el mundo, sino también un hogar para mucha gente que lo ha poblado durante décadas", declara a SINC Gary Gadner, codirector del libro La situación del mundo 2015. Un mundo frágil. ¿QUIÉN GOBIERNA EL ÁRTICO? Ocho estados se dividen la soberanía de la cuenca ártica: Canadá, Dinamarca, EE.UU., Noruega, Rusia, Finlandia, Islandia y Suecia. Desde que un grupo de científicos rusos plantara en 2007 una bandera de titanio en el fondo del mar helado del Ártico reclamando que Rusia comparte plataforma continental con el polo norte, se ha generado una 'guerra de los descubrimientos' en torno a esta acción sin grandes efectos políticos. "En la práctica jurídica y política, desde mi punto de vista, las cosas son bastante más normales", explica a SINC Elena Conde Pérez, responsable de la dirección del proyecto La carrera por el Ártico: cuestiones de Derecho Internacional a la luz del cambio climático, y profesora de Derecho Internacional Público en la Universidad Complutense de Madrid. El Ártico no es un espacio como la Antártida, con un tratado que la rige en su totalidad, "sino que depende del derecho internacional general, de algunas normas generales y del derecho local de cada uno de los Estados. Es decir, en este sentido es un espacio parecido al Mediterráneo", añade Conde. Sin embargo, en el desarrollo del Convenido de Derecho del Mar (CDM), la 'Constitución de los océanos', se han planteado reivindicaciones de plataforma continental extendida, debido a que buena parte de los recursos energéticos por descubrir se encontrarían en esta zona. "No es que se esté produciendo una batalla descontrolada por ganar nuevas cuotas de soberanía -apunta la investigadora-. Creo que el Ártico va a seguir siendo un espacio de cooperación, pese a las actitudes expansionistas y al conflicto reciente con Rusia, que fue la primera región en solicitar una extensión de su plataforma continental". Ese gesto político generó un debate por parte del Parlamento Europeo, que en 2008 votó a favor de que esta región fuera un espacio especialmente protegido y un patrimonio común de la humanidad. Ante esto, los estados árticos reaccionaron diciendo que es un espacio como cualquier otro regido por el derecho internacional. "La idea romántica de un tratado que establezca un régimen global en el Ártico, del mismo modo que existe en la Antártida, ha sido una reclamación clásica del Parlamento Europeo, pero hay un elemento totalmente distinto. El Ártico no es un continente, sino que es un mar donde los estados ribereños tienen una serie de competencias que reconoce el CDM. Además, cualquier explotación se hace en beneficio de dichos países", señala a SINC Mar Campins, profesora de Derecho Internacional Público y Derecho de la Unión Europea en la Universidad de Barcelona. Respecto a las nuevas rutas de navegación, en mayo de 2015 se ha adoptado en el marco de la Organización Marítima Internacional el Código Polar, que regula el tráfico marino en esa región. Entrará en vigor en 2017 y establece medidas para prevenir catástrofes, como el diseño de buques, operaciones y dotación, así como la formación del personal a bordo en rescate, búsqueda y protección medioambiental. En el Consejo Ártico también se han adoptado medidas específicas sobre la prevención de siniestros y respuesta rápida. "Legislación internacional hay, aplicable y útil; el problema es el nivel de adaptación. Si se produjera en el Ártico un accidente como el del Golfo de México, no habría una capacidad de respuesta suficiente para evitar una auténtica catástrofe planetaria", afirma Campins. LA VERDAD INCÓMODA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Campañas de ONG como Greenpeace, el documental de Al Gore de 2006 Una verdad incómoda, y las imágenes de osos polares famélicos, han puesto en el punto de mira al Ártico como principal campo de batalla contra el cambio climático. Sin embargo, la invisibilidad de las poblaciones indígenas en esta lucha y su papel como 'víctimas' que necesitan ser salvadas por gestores externos ha generado reivindicaciones de estos pueblos. En 2014, Okalik Eegeesik, presidenta de la Conferencia Circumpolar Inuit, decía durante el Consejo Ártico celebrado en Reikiavik (Islandia): "Muchos de los recién llegados al Ártico perciben la región como si padeciera un vacío de gobernanza o debiera ser considerada patrimonio común de la humanidad. Estas apreciaciones ignoran a la población que vive en el Ártico. [...] Pedimos que se nos consulte antes de reivindicar el Ártico de acuerdo con sus propios intereses". Los pueblos indígenas están integrados dentro de los estados soberanos, y en este marco tienen diferentes regímenes de autogobierno. "No es el mismo nivel de autonomía el de Noruega o Finlandia, que en Rusia, donde es prácticamente inexistente", dice la investigadora de la Universidad Complutense. El de Dinamarca también es un caso especial, ya que Groenlandia puede llegar a ser en un futuro el primer estado indígena del mundo "y en un futuro no muy lejano, ya que tiene su propia acta de autogobierno", añade la experta. "En esta isla, el 90% de sus habitantes son inuits. En un supuesto en el que se estableciera como estado soberano, sería con población indígena", declara Campins. Los países europeos han construido instrumentos internacionales entre los pueblos indígenas árticos para promover sus derechos sobre la tierra, el ganado y la explotación de los recursos propios. En la otra cara de la moneda están los estados americanos y Rusia, donde este desarrollo no se ha producido. "La federación rusa considera la zona del Ártico como un área de explotación preferente de petróleo, gas y minerales, y que sean indígenas no les importa. Incluso han vetado en el Consejo Ártico a los representantes de estas comunidades, que eran participantes permanentes", asevera Campins. Timo Koivurova, director del Northern Institute for Environmental and Minority Law Arctic Centre de la Universidad de Lapland (Finlandia), que estudia el derecho de los pueblos indígenas en el Ártico, declara a SINC: "En muchos de los países el problema es que la población indígena está perdiendo su cultura tradicional. Al encontrarse cada vez más integrados en el mundo globalizado, no tienen destrezas para sobrevivir en esta sociedad, y aparecen enfermedades, violencia y nuevos problemas en estos colectivos. A ello hay que añadirle que muchas de estas poblaciones dependen de la financiación pública". El cambio climático ha perturbado a estos pueblos y a sus rutinas de caza. El comportamiento impredecible del hielo provoca muertes en estas comunidades. "El conocimiento que heredaron de sus ancestros ya no les sirve", añade el experto. Volke Rachold, secretario ejecutivo del Comité Internacional de Ciencia Ártica (IASC), apunta a SINC: "En el Ártico hay cuatro millones de personas con diferentes situaciones. Los indígenas tienen problemas, no solo por el cambio climático, sino también por la globalización y la industria que llega a sus regiones y afecta a sus condiciones sociales, vitales y de salud. Nuestra institución apoya a la gente indígena y aconseja a los decisores políticos con evidencias científicas". Canadá tampoco escapa a la leyenda negra. Según Campins, "ahora tiene un mayor reconocimiento hacia las poblaciones inuits porque es lo que le interesa. En los años 40, lo único que hizo con ellas fue utilizarlas para reclamar su soberanía sobre el Ártico". Demasiados intereses en juego. ESPAÑA, A PASO LENTO ANTE LOS DESAFÍOS DEL POLO NORTE La Unión Europea tiene mucho que ganar en materia pesquera, en transporte de mercancía y en rutas transárticas, así como en la explotación de recursos naturales del Ártico. Por este motivo, ha ido adoptando comunicaciones, estrategias y declaraciones. A pesar de esto y de tener tres estados implicados "uno de ellos ribereño" no es un actor principal en esta región. "Ocho años después de la primera declaración de la UE al respecto, estamos esperando la tercera y la verdad es que apenas se ha avanzado. No se están manejando bien ni los tiempos ni los modos", subraya Campins. Por su parte, España es observador en el Consejo Ártico y está preparando el primer documento de estrategia política hacia esta región. "Nuestro país no es ajeno a otros del entorno -añade la experta en derecho internacional-, como Francia y Alemania, que tienen también sus documentos. Eso sí, los está preparando con lentitud, por la situación política en la que nos encontramos y porque vamos a la zaga de los desarrollos que se producen en la UE para ser consecuentes". Esta actuación lenta no solo respecto a la explotación, sino también al uso de la navegación y de los regímenes de paso en los canales árticos, puede ser problemática en el futuro en relación con la postura que tienen los estados ribereños. "España, que tiene una labor muy activa en la Antártida, debe priorizar también esta región teniendo en cuenta su situación económica y geopolítica", concluye Campins. Autor: Eva Rodríguez Nieto

sábado, 20 de junio de 2015

Expertos alertan de la sexta extinción masiva y el peligro para el hombre

Madrid, 19 jun (EFE).- La quinta extinción masiva se produjo hace 66 millones de años y acabó con la vida de los dinosaurios, ahora los expertos han dado la voz de alarma: "ya no hay duda, estamos entrando en una extinción masiva", la sexta, y esta amenaza la existencia humana.
El mundo perderá, en el arco de tres generaciones, muchos de los beneficios de la biodiversidad, señaló el profesor del Stanford Woods Institute for the Environment y uno de los autores del estudio, Paul Ehrlich, quien advirtió de que "estamos serrando la rama sobre la que estamos sentados".
Expertos de las universidades de Standford, Autónoma de México y Florida piden, en un estudio publicado hoy en Science Advances, tomar "medidas rápidas" para conservar las especies amenazadas, sus poblaciones y hábitats, y advierten de que "la ventana de oportunidad" para hacerlo "se está cerrando con rapidez"
El estudio muestra, "sin ninguna duda significativa, que estamos entrando en la sexta gran extinción masiva", alertó Ehrlich, según un comunicado de la Universidad de Standford.
Los científicos coinciden en que las tasas de extinción han llegado a niveles sin precedentes desde la desaparición de los dinosaurios, pero algunos han cuestionado esa teoría al pensar que las estimaciones previas descansaban en supuestos que sobrestimaban el nivel de la crisis.
El nuevo estudio indica que, incluso con las estimaciones más conservadoras, las especies de nuestro planeta están desapareciendo unas cien veces más rápido de lo que sería normal en un periodo entre extinciones masivas -lo que se conoce como "tasa de fondo"-.
"Si dejamos que esta situación continúe, la vida podría tardar muchos millones de años en recuperarse y nuestra especie podría desaparecer pronto", señaló Gerardo Ceballos de la Universidad Autónoma de México.
En el caso de los vertebrados, que es el grupo con los datos y fósiles más fiables, los investigadores se preguntaron si incluso las estimaciones más bajas de la diferencia entre las tasas de fondo y la actual aún justifica la conclusión de que las personas están precipitando "un espasmo global de pérdida de biodiversidad" y la repuesta es "un sí definitivo".
"Insistimos en que nuestros cálculos es muy posible que subestimen la gravedad de la crisis de extinción, ya que nuestro objetivo era fijar un límite inferior realista al impacto de la Humanidad en la biodiversidad", señalan los expertos en su informe.
Una población humana en constante crecimiento, el consumo per cápita y la desigualdad económica han alterado o destruidos hábitats naturales.
El desbroce de tierras para la agricultura, la explotación forestal, la introducción de especies invasoras, las emisiones de CO2, que llevan al cambio climático y la acidificación de los océanos, las toxinas que alteran y envenenan los ecosistemas, la lista de agresiones es larga.
En la actualidad, el fantasma de la extinción se cierne sobre el 41 % de las especies anfibias y el 26 % de las de la mamíferos, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
"En todo el mundo hay ejemplos de especies que son básicamente, muertos vivientes", indicó Ehrlich.
A medida que desaparecen las especies, también lo hacen las funciones que cumplen como la polinización de la cosechas por las abejas.
A pesar del sombrío panorama que dibuja el informe, hay una vía hacia adelante, según los expertos.
"Evitar una sexta extinción masiva real requerirá de grandes, rápidos e intensos esfuerzos para conservar las especies amenazadas y aliviar la presión sobre sus poblaciones, especialmente previniendo la pérdida de su hábitat, la sobreexplotación con fines económicos y el cambio climático", señalaron.